viernes, 19 de septiembre de 2008

Chisme caliente: 18 de septiembre

El día de hoy merece un post obligado.

Pese a la protocolaria cultura de estupidez homogénea en la que me insertó el destino al comenzar la carrera en el Tec de Montegay (y a un año exacto de graduarme...), debo decir que he presenciado uno de los sucesos más cagados de los últimos siete semestres.

Resulta pues que hoy tengo clase de tres horas (de 6 a 9, infamia)... lo sé, detalle absurdo y casi irrelevante. A ello súmenle el total desinterés de una clase corporativa y pendeja. Alright, lo ubico, estimado lector, en un salón lleno de tíos aburridos a morir, en medio de una exposición sobre un proyecto que a todos importa un rábano. En fin, tras unos cuantos bostezos, alborozo en la esquina del salón. Unos tíos comienzan a gritar y ¡madres!, los dos individuos de pronto se agarran a madrazos. Mientras un ojiverde (mamón, vestido de diseñador diario...) le acomodaba reverendos madrazos a un individuo con look ingenieril, todo mundo se alejaba hacia mi extremo del salón, agazapándose en confusión, y los dos sujetos al frente de la clase permanecían impasibles, al son de gritos como "animal, pendejo... a mí no me hablas así, cabrón... ¡!" (madrazo - madrazo - jaleo)... La chica que comparte mesa conmigo se acercó corriendo cual hipopótamo bizarro a jalonearme para que nos saliéramos, e ipso facto la maestra, una ancianilla cómica, salió corriendo mientras gritaba "¡UN POLI! MUCHACHOS ¡! DETÉNGANLOS... ¡!". Un tío quedó atrapado entre la madriza y los separaron, mientras el presunto ingeniero hacía gala de varios rasguños y madrazos en la cara, rojo y emputado. Segundos después, un policía chero llegó a contener la testosterona desbordada, y yo sólo atiné a voltear cuando el ojiverde era jalado fuera del salón, clavándome la mirada de un modo bastante bizarro. Perturbador.

Y así concluye la crónica modesta de lo sucedido un jueves en medio de la clase de tres horas. En fin, entre el desmadre, resultó que el motivo fue el emputamiento del ingeniero (o no sé qué madre), porque el otro güey había movido la mochila de su lugar: hágame usted el puto favor. Figúrese usted una hora entera de provocación pasiva que terminó en madriza y pánico histérico de la maestra (que, muy a mi parecer, se merece un premio de la Academia)...

A lo que sólo pude concluír que no falta macho mexicano en ningún lado, amén de tener ahora en mi top de lugares para partirse la madre un salón de universidad maricona.

Caray, que esto ha sido lo más cagado que me ha ocurrido en los últimos meses. Tristeza.

Lo demás fue irrelevante, ya veremos a la burocracia del Tec en pleno comité disciplinario... mientras tanto, habré de citar a un compa bastante divertido y acertado: "Ahora tengo una razón para respetarlo... qué güevos de pararse en medio de una clase y partirse la madre."

Por su atención a estas alturas de la semana de tres días - a punto de fenecer -, gracias.
El acceso del macho mexicano y la testosterona a raudales, qué sensual. Recalco que tras no haber visto tan de cerca madriza en escuela desde la secundaria, esto fue divertidísimo. Habría que agradecerles también a los individuos la pérdida de una hora entera de clase mientras la maestra recobraba la tranquilidad psicológica para proseguir con el aburrimiento sin límites (ajúa!) un rato después.

Digamos que estas escenitas cagadas se repiten con poca frecuencia, creo firmemente que para mañana esto será una leyenda urbana, justo como aquel tío que se madreó a una maestra embarazada y la hizo perder el bebé. Pinchi gente loca.

En fin, he de dejaros por ahora. Deseo brutalmente que ría usted de los bizarros episodios de mi vida.

Deschónguense sabroso.
La Morena Tai*

(Lo único que lamento es no tener una fotografía de lo sucedido... eso hubiera hecho el post todavía más divertido... se las debo)

Cita

"No somos peces para vivir del mar,
ni aves para vivir del aire...

SOMOS HOMBRES, PARA VIVIR DE LA TIERRA"

Los últimos zapatistas, Canal 11 IPN.
Excelente documental y recomendación de Bubatrón*