jueves, 7 de febrero de 2008

De putas y paz espiritual

Mis primeros pasos hacia el realismo sucio.
Enjoy.

Escrito original de Bubatrón*


Pocos renglones se me regalan el día de hoy. Bien podría glorificar tu figura yuxtapuesta con la mía, el vaivén de mis caderas sobre tu cuerpo, las frases que susurras al penetrarme sin piedad. Pero es sólo sexo, ¿cierto? Una práctica milenaria traducida de mil y un maneras distintas, que sin embargo permanece inmutable: el frenesí y la fricción, la caída al vacío del orgasmo, con los ojos en blanco que parecen revelación para un cuerpo que se evapora para después regresar a la corriente y grosera realidad.
Solías decir que yo era capaz de tentar al mismo Diablo. Quizá no es así: quizá soy yo el mismo Diablo. En ese instante la concupiscencia inundaba el aire del roñoso cuarto de motel, los tapices baratos del Bardem parecían derretirse sobre las paredes al mismo tiempo que tu lengua se derretía también entre mis muslos, clavada en mi sexo como un obsceno recordatorio de que tú y yo nacimos para el fornicio y nada más. Y fornicar, mi bien, es lo único que queda en este mundo de mierda, donde el hambre arrasa y la miseria humana sepulta cualquier conato de bondad. El lúbrico momento en que tu verga entre mis manos parecía el único indicio de trascendencia, la más noble muestra de un afán altruista por sustraerte de la rutinaria escena donde no eres más que un pobre diablo. Tu muerte inundando mi lecho, y el refugio de mis piernas y brazos a tu angustia, y el asco del cigarrillo posterior para cerrar una vez más el pacto implícito de los cuerpos vejados por la ausencia total de pudor - já, como si eso importara un coño...-, y el incendio de los restos como el renacer del alma que se cuela a la menor provocación por la rendija bajo la puerta. Mi finitud devorada por tu deseo, esa que te regalo un par de veces por semana, con la boca ávida de tu sal y las manos doloridas de no tocarte. No te engañes: permanezco impasible, rindiéndome a la cacería de unos cuantos que fingen encontrarme remotamente interesante para después hurgar entre mis nalgas para jamás tocarme el corazón, lo que sea que eso signifique. Permanezco distante pero próxima a las salaces ansias del extraño que con un gesto me incita, sacio el vacío con sus cuerpos afanosos en poseerme para renacer a la aburrida jornada del rancio café y los cancerosos cigarrillos. Abandonada a la levedad que provoca el hundir de los dientes ajenos en mi carne, indagando por respuestas que jamás habrán de encontrar, desesperados hasta la rabia por desgarrar la humedad desconocida que les recibe sin musitar siquiera. “La más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras” . Eso era yo aquel martes en el puerco Bardem, sin asquerosas pretensiones ni poses que visten inmaculada camisa almidonada, sin más que perseguir que el egoísta autoconocimiento a través de la bienhadada lascivia, envuelta en el griterío silente de tu aliento agitando mis cabellos, de tus manos internadas en el culo que sin reparo dominas a tu antojo, ése que jamás podrás llevarte a casa. Abstraído en el bamboleo de las tetas de tu perfecto consuelo, cuando hacerte una paja parecía ser el indiscutible preludio a una epifanía maravillosa, las alabanzas que prestaba a la verga que vejaba mi prístina condición, la vagina distendida que voraz pide cuanto puedas ofrecerle como tributo, el ritual del coito abyecto, condenado.
Aquella tarde sofocante me matabas una vez más, lamiendo mis oídos con procaces plegarias dirigidas a una deidad sin nombre. Esa no - nada de cabellos, alientos, bocas, sexos, brazos, sueños ignorados y arrojados al olvido, el hoy, el ahora... que habrá de terminar como cualquier martes, jueves o lunes, cuando te corres sobre la raída colcha del asqueroso colchón del cuarto 36 como muchos otros, ahogando toda duda en el mar de la hombría que ensayas cuando jalas mis cabellos y montas rampante sobre mí. Prendo un cigarrillo y cruzo las piernas con las bragas aún mojadas, ansiosa por complacer a cualquier cabrón que quiera abrírmelas. Me gustas para perder el tiempo. Sólo eso.